Gran Canaria Rural

 
Gran Canaria se sitúa en la parte central del Archipiélago Canario, entre las islas de Fuerteventura y Tenerife, siendo la tercera isla de mayor superficie, con unos 1.560 Km2 y la más densamente poblada con 789.908 habitantes, lo que supone una densidad de 506,4 hab./Km2.

Con un diámetro medio de 46 Km. su línea de costa dibuja un perímetro casi circular de 236,64 Km.

La población se concentra en la mitad nororiental de la Isla, donde destaca la aglomeración urbana de Arucas-Las Palmas-Telde, los asentamientos costeros del sureste, de notable pujanza en los últimos años, y un disperso edificatorio que se extiende por las medianías del Norte.

EL MEDIO NATURAL

La posición subtropical en el Océano Atlántico, a menos de cinco grados al Norte del Trópico de Cáncer, la influencia constante de los vientos alisios, la cercanía al desierto del Sahara y el estar bañada por la Corriente Fría de Canarias son, además de su relieve montañoso, los grandes rasgos que definen su paisaje natural.

Geología y Formas del Relieve

Gran Canaria es una isla volcánica que surge, hace unos 14 millones de años, desde el fondo oceánico, a unos 3.000 metros de profundidad, alcanzando su altitud máxima en los 1.949 metros sobre el nivel del mar, en su parte central (Pico de las Nieves). A grandes rasgos, la imagen que proyecta, si se contempla a vista de pájaro, es la de una gigantesca montaña erosionada por una densa red radial de barrancos, casi única en Canarias.

Las diferencias producidas por la altitud y la orientación, así como la fragmentación morfológica del territorio, configuran un medio montañoso de fuertes contrastes.

Clima

El clima se caracteriza por suaves temperaturas medias que rondan los 20 grados centígrados y precipitaciones que oscilan entre los 100 y los 1.000 milímetros. Sin embargo, la orografía introduce modificaciones significativas en las condiciones climáticas locales.

La altitud que alcanza la isla crea un efecto de fachada, con una vertiente (NE) directamente expuesta a la influencia casi constante de los alisios y otra (SW) a su abrigo. Esto se traduce en una marcada diferencia climática y paisajística entre estas dos vertientes, la primera recibe un aporte mayor de humedad y precipitaciones, que además suavizan las temperaturas, principalmente en la época estival.

Este contraste climático ha propiciado una riqueza superior en los ecosistemas naturales y culturales del Norte, favoreciendo la introducción de nuevos paisajes producidos por la intervención humana, al amparo de la gran variedad de sus recursos ecológicos.


Ecosistemas

Los ecosistemas de Gran Canaria, variados y ricos en especies endémicas tanto vegetales como animales, son similares a los del resto del Archipiélago, y constituyen un verdadero tesoro de la biodiversidad a nivel mundial.

Las comunidades se distribuyen en franjas altitudinales (pisos de vegetación) en las que aparecen diferencias entre las vertientes de barlovento y sotavento.

Se distingue una franja litoral, por debajo de los 400 metros, integrada por formaciones vegetales de escaso porte adaptadas a condiciones de semiaridez, donde destaca el cardonal-tabaibal.

Seguidamente se sitúa el Piso Montano compuesto por dos formaciones arbóreas, actualmente relegadas a pequeños enclaves. Por un lado, el bosque termófilo representado por especies como la palmera, el acebuche, la sabina, el lentisco o el almácigo, y por otro, el monteverde (laurisilva y fayal-brezal) que acoge a gran cantidad de plantas: laurel, faya, brezo, til, barbusano, madroño, palo blanco, mocán, acebiño, viñátigo, etc.

En el limite superior, el Pinar comparte su nicho ecológico con matorrales de leguminosas, retamas y codesos fundamentalmente, ocupando grandes extensiones a partir de los 1.000 metros en el Norte y los 600 en el Sur. Esta formación se compone casi exclusivamente de una única especie, el pino canario, acompañado de un sotobosque normalmente escaso.

La riqueza de estos ecosistemas conjuntamente con otros valores naturales y culturales, ha hecho que Gran Canaria tenga un 42,7% de su territorio calificado como Espacio Natural Protegido.


PROCESO HISTÓRICO DE OCUPACIÓN DEL TERRITORIO

Las teorías actuales apuntan a que los primeros pobladores eran bereberes, de cultura neolítica, que llegaron en sucesivas oleadas migratorias provenientes del norte de África, en torno al 1500 a.C. Gran Canaria fue la isla más poblada y también la que en el siglo XV había alcanzado un mayor nivel de desarrollo económico y social.

En los albores de la modernidad, esta cultura neolítica se vio truncada por la irrupción violenta en el archipiélago de los europeos, y los primitivos canarios sufrieron un proceso de aculturación, pasando a formar parte de la nueva estructura socioeconómica.

El nuevo modelo consistió en la aparición de instalaciones agroindustriales centradas en la producción casi en exclusiva de un producto destinado a la exportación (azúcar, vino, barrilla, cochinilla), que se combinaba con la agricultura destinada al mercado interior (papas, millo, hortalizas). El producto objeto de comercio era sustituido cuando, inevitablemente, llegaba la crisis a los mercados, dando lugar a los ciclos económicos que han jalonado nuestra historia.

A comienzos del siglo XX el plátano y el tomate se convierten en los nuevos productos de exportación, combinados con los cultivos de autosubsistencia. Finalmente, el cambio fundamental se producirá a partir de los años sesenta del pasado siglo, cuando la irrupción del turismo transforma por completo la ocupación del territorio, convirtiéndose junto con el sector servicios y la construcción en las principales actividades económicas de Gran Canaria.


EL MEDIO RURAL

De forma genérica, el medio rural grancanario se caracteriza por:
La ausencia de grandes distancias con respecto al mundo urbano, lo que provoca fuertes sinergias entre ambos espacios.
La gran singularidad de elementos y factores naturales que influyen en la variedad de paisajes.
La escasez de recursos naturales y la fragilidad de los ecosistemas insulares que han sido determinantes en el desarrollo de las zonas rurales de Gran Canaria.
Es el espacio donde la cultura tradicional se ha desvirtuado menos, aglutinando una gran diversidad de elementos patrimoniales.
El desarrollo de nuevas actividades económicas relacionadas con la protección del medio ambiente, la elaboración de productos agroalimentarios de calidad, las nuevas tecnologías y con el ocio.
El papel de complementariedad de la agricultura y la ganadería.


Las actividades agrarias

Salvo excepciones excesivamente locales, y a pesar de su carácter estratégico, la actividad agraria ha pasado a un segundo plano, tanto desde el punto de vista de su contribución a la economía insular, como de población ocupada.

La producción insular mantiene la clásica división secular de la agricultura, con un sector de autoabastecimiento interno asentado en las medianías y cumbres (papas, frutales, hortícolas, viña, forrajeras y cereales), de estructura más tradicional, y otro que ocupa las zonas bajas, caracterizado por estar más profesionalizado y por su especialización en monocultivos orientados al mercado exterior (tomates, plátanos, ornamentales y hortícolas).

En las últimas décadas se ha registrado un serio retroceso de la ocupación agrícola y, con ello, una reducción de los activos empleados. Mucha mano de obra rural ha buscado mejores expectativas laborales en el sector servicios, abandonando campos de cultivo ancestrales con su consiguiente deterioro.

De modo similar a lo que ocurre con las explotaciones agrícolas, en el sector ganadero insular existen dos tipos bien diferenciados de explotaciones: uno de marcado carácter tradicional y otro de carácter principalmente empresarial.

La ganadería tradicional (caprino, ovino, bovino) se corresponde con explotaciones precarias de tipo familiar, limitado número de cabezas y alimentación vinculada, en mayor o menor grado, a las actividades agrícolas y/o recursos forrajeros locales. La orientación productiva mayoritaria es la obtención de leche, bien para su transformación in situ en queso artesano con leche cruda, bien para su venta a alguna de las industrias insulares.

La denominada ganadería de tipo intensivo (bovino, caprino, porcino, avícola, cunícola), localizada fundamentalmente en la franja costera, tiene un carácter empresarial e incorpora niveles tecnológicos y de manejo de ganado superiores a los de la ganadería tradicional.

La diversificación actual de la economía rural

En los últimos años, tanto la iniciativa pública como la privada, han tomado conciencia de los valores paisajísticos, ecológicos y socioeconómicos que el medio rural encierra. Por ello, se ha propiciado el rescate de oficios ancestrales que estaban casi en el olvido, el empuje de actividades agrarias complementarias o el desarrollo de nuevas actividades respetuosas con el medio ambiente, diversificándose de esta manera la base económica del medio rural.

Entre estas actividades cabe destacar la producción de carbón, la gestión y el aprovechamiento forestal, la elaboración de productos agroalimentarios de calidad (queso artesano, vino, repostería, miel,…), la protección, conservación y divulgación del medio ambiente y del patrimonio cultural, el turismo rural, las actividades de ocio en la naturaleza, el pastoreo, la puesta en valor de paisajes naturales y culturales tradicionales, la artesanía, etc.

EL MEDIO RURAL, UNA OPCIÓN DE FUTURO

La excesiva dependencia económica que sufre la Isla por la hegemonía de una actividad turística agresiva con los recursos y valores ambientales y culturales, y la dependencia del exterior para el aprovisionamiento de mercado de bienes de primera necesidad, junto a la excesiva terciarización de las actividades económicas, le confieren al medio rural grancanario una oportunidad de gran valor estratégico territorial y económico.

El desarrollo de las actividades primarias tradicionales y la diversificación de la economía rural de forma respetuosa con el entorno de las medianías y cumbres de Gran Canaria, favorecerían la corrección y prevención de desequilibrios territoriales (sociales, económicos, ambientales) y aumentaría la provisión de alimentos frescos a la población, reduciendo la enorme dependencia del exterior.

 

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